martes, 14 de septiembre de 2021

No olvides escribir.

 

 

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí, y hoy siento que las palabras se desbordan, como si ya no pudiera quedarse en la oscuridad.

Todo aquello que guardaba en pensamientos celosos no soportan más estar enjaulados.

Sólo pienso por dónde empezar, qué decir, contar una historia, escribir poemas para desahogarme, idear un cueto breve o iniciar una novela, o sólo escribir y escribir hasta vaciarme e intentar comenzar cualquier cosa.

Hoy no he parado de escribir sólo como me siento, lo que pienso, lo que deseo, y quizá un poco lo que me espera o quiero que sea mi futuro.

Hace un rato en una conversación con una amiga, me decía que somos almas llegadas al mundo para aprender, y eso me dejó pensando ¿cuáles son mis errores? ¿Qué es todo lo que hago mal? Y me di cuenta de que son muchos.

Aprendí a afrontar el dolor, a hacerme a un lado y alejarme, a sobreponerme de las circunstancias, aprendí sólo a decir “ni modo la vida sigue”, sin mirar a mi alrededor ni observar fuera de mi rencor individual y autoimpuesto.

En cinco años recibo amor, cariño, comprensión, paciencia, calma, esperanza, amistad y por un tiempo fue incondicional; ¿Eso que tiene de malo? Se preguntarán, pues en sí no tiene nada malo, pero ya mencioné que aprendí del dolor, y cuando aprendes así desde niño, no siempre logras apreciar la belleza en los detalles, te acostumbras a esperar lo peor y a ver el lado negativo de todo, ya que en el pasado no pudiste cambiar nada, la repetición constante te orillo a no sólo esperarlo, sino a evitar el dolor, y ¿Cómo evitas el dolor del amor? Lo alejas antes de que te deje a ti, ¿el cariño? Se vuelve un trastorno Enel cual no soportas el contacto físico para no acostumbrarte a sentir ese calorcito rico y cuando no esté, sufrir. Con esto creo que dejo claro lo que es de malo en lo bueno.

La incapacidad para recibir, el no creerte merecedor de nada que te de otro ser, de pensar siempre qué hacer cuando ya no esté en lugar de apreciarlo y disfrutarlo.

Uno se acostumbra a recibir lo malo, pero qué pasa cuando lo bueno llega, asusta, desconcierta, y no se sabe qué hacer. Los más emocionalmente preparados aprender a convivir con la idea de que es posible que algo bueno les llegue, pero otros no son sentimos de una forma merecedores y cuando pensamos que merecemos algo, lo tenemos la idea clara o más bien sana de lo que es eso realmente y cometemos errores.

Las cosas pasan y nuevamente nos quedamos con la idea de “lo sabía”, “estaba claro que sucedería de tal forma”, “hice bien en no esforzarme, ahora todo acabó puedo seguir”. Todo esto es un refuerzo negativo que a lo largo de la vida nos acostumbramos a tener y a justificar nuestras acciones bajo este pensamiento derrotista.

 

Pero escribir ayuda, describir las cosas que vives, que sientes, que sientes que pasan o las situaciones que te creas en la cabeza ayuda mucho, escribir ayuda a no sólo mantener la mente ocupada, sino a desmentir lo hechos y desfragmentarlo para encontrar la verdad o tu verdad.

 

Hay gente que no logra entender esto, y seguro te toparás con personas que no entenderán que haces un gran esfuerzo escribiendo cómo te sientes y lo tomen a mal. No pasa nada, sigue escribiendo, escribe todo lo que sientas, lo que creas, escribir puede ayudarte a ver cosas que no están claras y quizá, sólo quizá escribir a tiempo te ayude a no cometer tristes errores.

Confesiones

Ya no es tiempo de sincerarse. Las cosas terminaron como siempre mal, sin embargo mi alma me pide liberarse de miedos y ataduras sin sentido.

 

Te hago esta serie de confesiones que quizás nunca leas, que quizá y quizá y quizá y ya no importan porque nuca llegarán a ti.

 

Eres quien más ame, eres a quien desee toda mi vida y al tenerte me entró miedo y pánico.

Tenía miedo de perderte, siempre lo he tenido y nunca lo causaste tú, mis inseguridades sí.

 

Tenía miedo de que me dejaras, y cause que te marcharas.

 

Nunca me sentí lista para decirte la verdad, del miedo que me embargaba cada día, y mis reacciones fueron la ira, y la frustración.

No me sentí fuerte para decirte cuan importante eras para mi, cuanto quería darlo todo por ti, la verdad no se me expresar de manera oral, siempre he preferido la escrita, pes es más simple y honesta, son palabras que se quedan grabadas, en un papel, en un mensaje, en un correo, hay un registro de honestidad, de debilidad, de miedo, que caen en la pequeña magia de la palabra escrita. 

 

Cause tu partida, cuando lo que más deseaba es que te quedaras, y amarte libremente, y este miedo insulso nunca me dejó ver que aquí estabas, que me amabas y te dolía que te alejara, hasta que dejaste de amarme, hasta que no existiera retorno alguno ni esperanza ni nada por corregir.

 

Estabas aquí, día a día, procurándome, y no me sentí fuerte ni valiente para verlo, tenía miedo de que te fueras, me daba miedo cambiar y darlo todo y que al final se acabara, y dicen que lo que crees atraes, y lo conseguí, sin quererlo, sin desearlo, con sólo creerlo.

 

Te pedí tantas veces que dieras el primer paso sin poderte decir que tenía miedo, quizá de haberlo hecho me hubieras ayudado a sanarlo, y seguirías aquí.

 

Me siento fragmentada pues una parte te ama y te extraña, desea que vuelvas, que regreses a casa y arreglemos todo.

 

Otra parte siente dolor por tu partida, y se hunde en aseveraciones absurdas y falsas para protegerse.

 

Y otra parte, gracias a los Dioses la más consciente, sabe los errores que cometió y aunque ya no estés decide dar este primer paso, aprender, agradecer, dejar el anhelo por el porvenir y ser mejor de lo que fui, lamenta que no estés y que no sea contigo, lamenta todo, y agradece la oportunidad de conocerte, de amarte, de sentirte mío alguna vez, agradece tus caricias y tu amor, y se siente fuerte para comenzar de nuevo.

 

Si bien, no he dejado de quererte, No pediré más oportunidades ya que me las he acabado todas, esta vez no intentaré nada, y seguiré mi camino, haberte perdido me quitó mi más grande miedo, que era perderte, y cuando el miedo no te gobierna encuentras el valor, en mi caso, me siento fuerte para dar el primer paso, para arriesgarme a todo, para crecer, y reconocerme humana, con errores, con fallas, reconocer que no tengo razón de nada y que aceptar que no la tengo no está mal ni seré débil por aceptar que no la tengo.

 

Tu me diste siempre tu apoyo, estuviste para mi y yo te dejé por no saber como estar para ti, y me daba miedo reconocer que no sabía, por más que quería.

Tuve miedo siempre, de no saber darte lo que necesitabas, de no ser suficiente para ti y de no serla persona que necesitabas que fuera. Y lo lamento mucho, debí haberte hablado claro desde el inicio, confesarte mis miedos, dejarte saber cuan débil soy en verdad y dejarte entrar de lleno en mi vida y en mi alma, amarte plenamente siendo humana.

 

Me conociste llorando por todo, debo decirte que hasta cantar me quiebra la voz, y esto se debe a tantos años de dolor que he acumulado, mi cuerpo me pide soltar y soltar y siempre lo retengo, eso endurece, entorpece, y hiere a quienes amas, porque el dolor se convierte en enojo y frustración por no sentirse pleno para decirlo a tiempo.

 

Siempre quise ser mejor para ti, y tuve miedo de hacerlo, esa parte de dolor siempre me hablo de cerca “En cuanto lo hagas te dejará”, “para que hacerlo, siempre se va”, “para que intentarlo se irá y siempre quedas sola”. No sabes el daño que el dolor y el miedo pueden causar, pero ahora saber cuánto puede destruir.

 

Ahora ya no estás, me tomará un tiempo procesarlo y recuperarme, desearía que volvieras, que me abrazaras fuerte y me rompieras en pedazos, tener la oportunidad de reconstruirme a tu lado, hacerlo honestamente, en paz y armonía, sin embargo, reconozco todo el daño que te hice y no te lo pediría.

 

Me dejaste grandes lecciones de vida, te agradezco y te amare por eso, ya no tengo miedo del cambio, ya no tengo miedo de aceptarme, aprendí de ti, y aunque será algo que en nuestra relación ya no valga de nada, quiero hacerlo, sin miedo a la soledad, a ser juzgada por debilidad, tengo el firme compromiso de ser mejor, de seguir aprendiendo, de valorar cada día, de amar intensamente y te o debo todo a ti.

Te agradezco tu amor, tu confianza, tu paciencia, perdoname por no ser sincera y herirte, tu nunca fuiste la causa de mis enojos. Me diste lo que necesitaba para ser valiente y afrontar las cosas cono vengan, y reconsiderar mis acciones y actitudes.

Perdoname por reflejar en ti lo que no me gusta de mi y haberte hecho tanto daño.

 

Y aunque hoy no quiero que sea el fin, que te deseo tanto en mi vida y sentirte de nuevo cerca, reconozco mis errores, no podré enmendarlo contigo nunca, pero tengo fe en que habrá valido la pena, que esta lección no será en vano y tengo la oportunidad de cambiar y ser mejor para la familia que decidimos formar, y espero un día, ser libre de todo miedo, dolor y rencor y encontrar el amor, sincero y puro.

 

Gracias por la oportunidad de ser mejor persona. Te amaré por esto siempre.

 

Adiós, querido maestro. DFAC.

¿Algo cambió?

 

Qué años tan cambiantes han sido, desde hace un tiempo que nada ha permanecido igual, sólo yo me he resistido a cambiar.

No estoy segura si fue el miedo, la desesperanza, el dolor, o la calma penunmbral que hay en la soledad.

En ocasiones me he preguntado ¿si hubiera cambiado qué sería diferente?, ciertamente siempre me ha dado miedo dar el primer paso, y pocas veces me he arriesgado, y caído de bruces por haberlo intentado, sentir que doy algo que no estoy recibiendo, sin saber si lo haré, después de haber dado todo y haber quedado sin nada, es difícil.

Dificulta las relaciones, la convivencia, rompe la confianza, amarga lo más dulce y estanca las emociones a ser sólo miedo; miedo, el cuál es una llama que sabiéndose cuidar calienta y alumbra, da el valor en tiempos oscuros, pero si dejas que te domine, quema todo al instante, haciéndonos cometer los más viles errores y adentrarnos en una cueva fría y solitaria que nos consumirá lentamente.

¿Qué errores se cometen por miedo?

Sencilla respuesta. Los más dolorosos.

Herir al ser amado, destruirlo con inseguridades propias, alejarlo con un enojo constante y personal originado por la idea de ser abandonado y por consecuencia el mismo miedo nos hace alejarlo antes de que suceda, sin dejarnos ver la parte primordial que el amor representa en los miedos más profundos.

Tener miedo no significa que vaya a suceder, y en muchos casos, los más sanos, hablar, expresarse honestamente es una forma de evitar la llegada del enojo insistente y la incertidumbre de qué hacer. Amar honesta y abiertamente genera confianza, permite que el otro te reconozca humano, con miedos, con inseguridades, con tragedias guardadas, y te ame libremente, sabiendo quien eres.

Cuando no es así y el dominio de las emociones no se tiene, el amor se ensucia y se empaña con mentiras, con fortaleza fingida trastornada en un ego retorcido, no es la fuerza, es la furia interna de donde no hay pureza.

¿Qué habría cambiado? ¿Estaríamos juntos? ¿Seguiríamos luchando?

La voz de la esperanza siempre dirá “claro, estarían juntos, trabajando el uno por el otro, convirtiéndose en la fuerza del otro hasta que el otro sea fuerte”, pero la esperanza es una perra cruel a la que no le importan los sentimentalismos, la esperanza duele cuando todo se ha perdido, se empaña en vapores de dudas y escarmientos propios y si no se reconoce a tiempo, genera más daño que el miedo propio.

Es decir, es imperativo encontrar un equilibrio entre las oleadas emocionales, no dejar que ninguna gobierne ni sobrepase el límite de lo que se dice sano. Mantener el control y la calma es parte clave para la superación.

Acéptate débil, aceptate humano, acepta cuando te equivocas, reconocete, siente honestamente, y sabete con la capacidad de encontrar la fortaleza en el miedo, valor en tus errores, amor y confianza en el porvenir.

Confía en la pureza de las lágrimas, y en soltar las aguas del pasado, sumérgete en las alegrías, agradece las nuevas lecciones y cambia, como el tiempo, como los árboles en cada estación, se flexible y no tengas miedo de arriesgarte una vez más.

 

Todo amor vale la pena, incluso si en este mar no hay sentido cierto.