martes, 14 de septiembre de 2021

¿Algo cambió?

 

Qué años tan cambiantes han sido, desde hace un tiempo que nada ha permanecido igual, sólo yo me he resistido a cambiar.

No estoy segura si fue el miedo, la desesperanza, el dolor, o la calma penunmbral que hay en la soledad.

En ocasiones me he preguntado ¿si hubiera cambiado qué sería diferente?, ciertamente siempre me ha dado miedo dar el primer paso, y pocas veces me he arriesgado, y caído de bruces por haberlo intentado, sentir que doy algo que no estoy recibiendo, sin saber si lo haré, después de haber dado todo y haber quedado sin nada, es difícil.

Dificulta las relaciones, la convivencia, rompe la confianza, amarga lo más dulce y estanca las emociones a ser sólo miedo; miedo, el cuál es una llama que sabiéndose cuidar calienta y alumbra, da el valor en tiempos oscuros, pero si dejas que te domine, quema todo al instante, haciéndonos cometer los más viles errores y adentrarnos en una cueva fría y solitaria que nos consumirá lentamente.

¿Qué errores se cometen por miedo?

Sencilla respuesta. Los más dolorosos.

Herir al ser amado, destruirlo con inseguridades propias, alejarlo con un enojo constante y personal originado por la idea de ser abandonado y por consecuencia el mismo miedo nos hace alejarlo antes de que suceda, sin dejarnos ver la parte primordial que el amor representa en los miedos más profundos.

Tener miedo no significa que vaya a suceder, y en muchos casos, los más sanos, hablar, expresarse honestamente es una forma de evitar la llegada del enojo insistente y la incertidumbre de qué hacer. Amar honesta y abiertamente genera confianza, permite que el otro te reconozca humano, con miedos, con inseguridades, con tragedias guardadas, y te ame libremente, sabiendo quien eres.

Cuando no es así y el dominio de las emociones no se tiene, el amor se ensucia y se empaña con mentiras, con fortaleza fingida trastornada en un ego retorcido, no es la fuerza, es la furia interna de donde no hay pureza.

¿Qué habría cambiado? ¿Estaríamos juntos? ¿Seguiríamos luchando?

La voz de la esperanza siempre dirá “claro, estarían juntos, trabajando el uno por el otro, convirtiéndose en la fuerza del otro hasta que el otro sea fuerte”, pero la esperanza es una perra cruel a la que no le importan los sentimentalismos, la esperanza duele cuando todo se ha perdido, se empaña en vapores de dudas y escarmientos propios y si no se reconoce a tiempo, genera más daño que el miedo propio.

Es decir, es imperativo encontrar un equilibrio entre las oleadas emocionales, no dejar que ninguna gobierne ni sobrepase el límite de lo que se dice sano. Mantener el control y la calma es parte clave para la superación.

Acéptate débil, aceptate humano, acepta cuando te equivocas, reconocete, siente honestamente, y sabete con la capacidad de encontrar la fortaleza en el miedo, valor en tus errores, amor y confianza en el porvenir.

Confía en la pureza de las lágrimas, y en soltar las aguas del pasado, sumérgete en las alegrías, agradece las nuevas lecciones y cambia, como el tiempo, como los árboles en cada estación, se flexible y no tengas miedo de arriesgarte una vez más.

 

Todo amor vale la pena, incluso si en este mar no hay sentido cierto.

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