Acosa el beso al verso en las palabras y al desaliento,
atragantándose en lengüetazos voraces de cantos amargos lagrimeantes,
encendidas llamaradas de frías flores azules y violáceas,
paseantes entre mis dedos semihumanos engarrotados tal muertos vivientes,
engarzadas luces de mil pesares sobre el rostro enrojecido,
babeantes labios grises exhalantes de un eco atroz y tan lleno de desolación,
mientras castillos de tus ojos salen en pesar de la gravedad,
en forma de campánulas blancas que acarician tus frías mejillas
resplandecientes de cristalinas sales,
esperando a ese beso acosador de alientos que llene el vacio con su vida,
fragmentando la idea de la desesperanza y construyendo alas de prosperidad.
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