Las rosas se marchitaron, tal cual amor olvidado, el cielo se tiño cobrizo y las estrellas se apagaron lentamente, silencio, únicamente quebrado por el sollozo amargo de la luna menguante, aquel que antes formaba un hermoso paisaje, aquel en donde los deseos volátiles eran transformados en complejas formas de vida transfigurada, emocionadas, pensantes... Vivas...
Aquella criatura de alas bajas miraba las ruinas con lágrimas en los que antes eran unos ojos llenos de amor y de esperanza... Esta noche lo había perdido todo, excepto la vida...
“Es verdad que estos versos cantan una triste melodía, pero mi palacio, mi mundo se ha ido”... “Quiero volver a cantar, más mi suerte se ha llevado hasta la voz en amargos alaridos”... “Volver a soñar con el día siguiente, lleno de luz y compañía, pero esta decepción mía me ha quitado ya hasta las ganas de dormir”...
Mi princesa, mi pobre princesa lloraba en silencio, no había nadie que la escuchara, ni nadie que con su hombro y un beso la consolara... Su corazón se tornó en hielo, poco a poco sus castaños se fueron difuminando, dejando sólo la imagen perdida de aquel lugar antes con vida, encendiéndose ahora dentro de su cuerpo abandonado una llama etérea, aquella que quema el dolor... Más lo convierte en ira...
La luna en llanto mientras aquella tierra antes fértil se tornaba en una marea de rojas luces oscilantes que a su paso arrasaban con los deseos mortales...
“Mi melodía es el canto del latir de la luz de la venganza...”
Aquellas luces castañas, antes ojos de hermosa ternura, ahora fulgurantes observando como todo quedaba entintado del negro carboncillo que dibujaba ahora su nueva felicidad...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario