Graciosa música circense en la entrada,
un pasaje noctambulo, entre telarañas y versos.
Vértigo, y un dulce olor a rosas.
Cantos, festejos y fuegos artificiales
inundando de blanco la mente ansiosa.
Esperando el alba y secretamente huir a casa.
Apagando el cielo contra el picaporte.
Pulso a pulso, acelerando el paso y el pulso.
Y al despertar, ya no estoy más en mi casa...
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